La triste suerte de los árboles muy útiles: el caso del Palo de Mora

Puede llegar a medir el árbol PALO DE MORA mas de treinta metros de alto con un diámetro optimo de 50 cm. Necesita para llegar a esa plenitud por lo menos treinta años pero, con suerte, puede prolongar su existencia hasta mas de diez décadas en cuyo ínterin embellece el paisaje, oxigena la atmósfera.

Su nombre científico Chlorophora tinctoria (L), de la familia Moraceae. Grandes extensiones de esta planta ocupaban los territorios comprendidos entre los Llanos Altos Centrales y toda la Cordillera de la Costa de Venezuela, hasta 600 metros sobre el nivel del mar.

Su riqueza intrínseca consiste en: a) de manera muy resistente a la intemperie, dura; de larga duración dentro del agua; propia para los trabajos de ebanistería por su buena respuesta al pulimento, para los trabajos de ebanistería por su buena respuesta al pulimento, para la carpintería en general, la industria naval. B) Contiene un abundante látex o resina de donde se obtienen dos poderosos colorantes conocidos en la industria química con los nombres de “morina” y “maclurina” usados para teñir lana, seda, cueros, nylon. c) De la corteza del tallo se extrae una estopa gomosa utilizada en el calafateo de buques. D) Los frutos altamente nutritivos en fructuosa, vitamina C, de rico sabor, exquisito complemento de la dieta de los niños campesinos.

Pues bien, estas bondades naturales del PALO DE MORA incitaron a la avaricia de los asaltantes del bosque, lo cual se tradujo en su casi extinción de este bello habitante de la selva. Su condición de árbol silvestre desapareció; hoy solo se observan en parques, avenidas, en jardines de residencias particulares.

Muy poco se sabe, de la explotación forestal que vivió Venezuela, de manera muy agresiva desde la primera etapa de la Colonia hasta finales del siglo XIX. Europa, y en especial Alemania, Inglaterra y España, buena parte de sus muebles y construcciones de esa época, fueron hechas con madera venezolana.

Por nuestro principal puerto, La Guaira, barcos especiales para la transportación de rolas de madera hacían interminables colas para cargarse con nuestros árboles madereros.

Interesante por cierto el enfoque alemán: ellos no tumban sus bosques, son intocables. Ellos tumban los bosques de los demás.

Ya el botánico Henri Pittier advertía, en 1926, la brutal explotación del PALO DE MORA. Escribe en la primera edición de su Manual de las plantas usuales de Venezuela (Caracas, List. del Comercio, 1926. p. 324): “Por los años de 1870 hasta 1890 hubo una gran exportación de esta madera de Venezuela, a tal extremo que hoy día son escasos los árboles de buen tamaño en los distritos próximos a los puertos de embarque.”. [Acotación de los redactores: La distancia entre el puerto de Cumana –extremo oriental norte del país y el puerto de Maracaibo –extremo occidental norte-, y entre esta línea costera los importantes puertos de La Guaira y Puerto Cabello, valga informar: todo la Cordillera de la Costa mas todos los Altos Llanos Centrales, aproximadamente el 30% del territorio de esta Nación].

Por su parte el botánico Jesús Hoyos, cual una manera de salvar este digno representante de la flora nacional, recomienda en su ùltisimo libro Frutales en Venezuela (Caracas, Sociedad de Ciencias Naturales La Salle, 1994. p. 351) lo siguiente: “Se puede usar como árbol de reforestación en las zonas calidas del país. Ello contribuiría, además, al fomento de la fauna silvestre.” Azul Ambientalistas se solidariza con esta recomendación del Dr. Jesús Hoyos, mas la tarea es a todas luces mayúscula, significa un patriótico reto para las dependencias responsables de la conservación de la flora y de la fauna del Estado venezolano. Pero ¿existen esas dependencias, habría interés en ello?.

Ya es el tiempo de escribir la otra historia, la que narre los saqueos de nuestros bosques ancestrales, de nuestra fauna. Las venas abiertas que dejaron “los conquistadores” en el Continente Verde, tal como lo llamò hace 212 años Alejandro Humboldt, cuando descubrió nuestra extraordinaria naturaleza.

Lenin Cardozo / ANCA24

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